No hay otra forma de amar, que amando y no hay mejor forma de amar, que dando. Pues no es amor aquel que espera siempre recibir algo a cambio. Es tan simple como que:
Hagas lo que hagas, te pongas como te pongas: Yo te amo.
Es simplemente porque yo me amo, que te amo. Por tanto, ámate a ti mismo primero más que a nadie en este mundo. Porque cuanto más te ames, más amor tendrás para compartir y repartir entre aquellos que lleguen a tu vida.
Por eso es tan importante que hayas aprendido a perdonarte, a aceptarte, a valorarte y a amarte como te mereces, para que puedas seguir el sabio consejo de Jesús cuando decía: "Ama a tu prójimo como a ti mismo" no vaya a ser que, a falta de amor, proyectes sobre los demás tu rencor, tu malestar y tu desilusión.
El amarse a sí mismo con madurez es parte del principio donde amas a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo. Amar a Dios es creer en un todo que es más grande que uno mismo, es cambiar, crecer, aprender, corregirse y confiar con optimismo en que aún las cosas que están fuera de nuestras manos, saldrán a nuestro favor si así lo pensamos.
Este amor es el que nos lleva a amarnos sabiendo que nuestro valor propio no debe de provenir de algo externo pues lo externo es movible e inconstante. El valor que tenemos debe venir de la certeza de que todo lo que necesitamos y somos nació con nosotros; que no somos una casualidad o un accidente, sino que nuestra existencia tiene un propósito y sólo nosotros podemos hacer las cosas como las hacemos.
El que no se ama a sí mismo es incapaz de amar a otros porque no se puede dar lo que no se tiene. Así que, por lo que más quieras: ÁMATE.
Alison Salas


No hay comentarios:
Publicar un comentario